E-Commerce internacional: cuando la realidad supera la tributación

Quienes alguna vez hemos comprado productos del exterior a través de Internet, por ejemplo empleando tiendas de intermediación online como Amazon o eBay[1], conocemos de primera mano las ventajas que ofrece este mercado digital: ahorro de tiempo y costos, diversidad de productos, acceso 24/7, pago instantáneo, por mencionar sólo unas cuantas. Estas ventajas, y muchas otras, han generado en la última década un incremento acelerado y superlativo de las ventas y compras electrónicas de bienes y servicios del exterior, las cuales conforman conjuntamente la actividad económica denominada globalmente como e-commerce internacional.

Ahora bien, desafortunadamente, el contenido jurídico vinculado con el e-commerce internacional no se ha desarrollado a la par de su presencia económica, en particular lo que respecta a la materia tributaria.

En efecto, a pesar de que el estudio fiscal del e-commerce internacional se ha convertido en un asunto prioritario en las agendas de las economías más importantes del orbe, todavía se está lejos de identificar todos sus puntos críticos y de una uniformización global de legislaciones que resguarden intereses fiscales en común y que no alteren la natural formación y consolidación de esta actividad transfronteriza.

Frente a esta realidad, es pertinente preguntarse, ¿cuál es la complejidad en el análisis tributario del e-commerce internacional?

Antes de responder esta pregunta, consideramos conveniente retomar como ejemplo lo que sucede al comprar desde Perú en tiendas de intermediación online.

Sin importar el número de transacciones y productos que un proveedor del exterior (no domiciliado para fines tributarios) venda a través de tiendas de intermediación online a consumidores peruanos, personas naturales o jurídicas, aquél no pagará Impuesto a la Renta en el Perú, siempre que no tenga algún tipo de presencia local y los productos que venda se hayan ubicado fuera de nuestro país al momento que se hizo el pedido online.

Al respecto, recordemos que los sujetos no domiciliados en Perú sólo pagan Impuesto a la Renta en nuestro país por las rentas de fuente peruana que generen y si la actividad se lleva a cabo de la manera como la hemos descrito, no habrán rentas de fuente peruana que imputar.

Más allá de la discusión que se puede generar en torno a si en este caso debe aplicarse el inciso b) o el inciso e) del artículo 9° de la Ley del Impuesto a la Renta, referidos respectivamente a las rentas producidas por la enajenación de bienes y a las rentas provenientes de actividades empresariales, lo cierto es que bajo ninguno de estos dos supuestos se podría sostener que las rentas del e-commerce internacional conducido íntegramente desde el exterior, son de fuente peruana, debido a que ambas normas se rigen por un principio de territorialidad, es decir, exigen que las actividades empresariales se realicen en Perú o que los bienes estén situados en Perú al venderse.

Inclusive, en lo que respecta al inciso b) del artículo 9° de la Ley del Impuesto a la Renta, la SUNAT ha concluido en su Informe N° 161-2016-SUNAT/5D0000, de fecha 23 de setiembre de 2016, que, en virtud a la citada norma, las rentas de fuente peruana se generarán siempre que los bienes se hubiesen ubicado en Perú al celebrarse el acto en el que se establece la voluntad de enajenación (título), como al producirse el acto por el que se adquiere la propiedad como resultado de la ejecución de ese título (modo).

Por lo tanto, este tipo de criterios tradicionales de imposición a la renta, que bien podrían repetirse en las legislaciones domésticas de otros países, no son suficientes para alcanzar a las rentas derivadas del popular e-commerce internacional y he aquí el reto para los Estados. Bajo el principio de territorialidad es fácil para los vendedores online reducir su carga tributaria localizándose para fines tributarios en países o jurisdicciones con nula o baja imposición a la renta (por ejemplo, a través de vehículos como empresas extranjeras controladas, en inglés “controlled foreign companies”); y ello es así por más que el total o la mayor parte de sus ingresos provengan de operaciones con personas domiciliadas en países o jurisdicciones con una carga tributaria regular.

Nos hemos referido sólo a la imposición a la renta, pero la situación de la imposición al consumo también es problemática. Los vendedores de bienes online tampoco pagan el IGV en Perú[2], dado que sus operaciones no se enmarcarían en el supuesto de venta local de bienes a que se refiere el inciso a) del artículo 1° de la Ley del IGV.

Tal ausencia de carga fiscal permite a los vendedores online ofrecer precios más bajos que los vendedores locales de los mismos productos, lo que puede ser visto como una competencia en condiciones desiguales.

Recapitulando y esperando responder la pregunta que nos formulamos líneas arriba, en nuestra opinión, la complejidad del análisis tributario del e-commerce internacional está en la necesidad de reformular los principios y criterios tradicionales de la imposición a la renta y de la imposición al consumo para evitar que esta actividad esté “libre” de impuestos, al margen del deber de contribuir. Y esta tarea no es nada sencilla, ya que podría suponer abandonar algunos fundamentos o preceptos  que rigen a los impuestos. Así por ejemplo, considerando que la tecnología ahora nos permite ubicarnos prácticamente donde queramos estar, cabe cuestionar si sigue siendo relevante analizar el Principio del Beneficio, el cual postula que quién debe contribuir con las arcas fiscales del Estado es el que recibe un beneficio de éste. 

Hoy por hoy, no son pocos los esfuerzos realizados por el G-20, la Unión Europea y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos - OCDE, por identificar y abordar las problemáticas del e-commerce internacional en materia fiscal. Uno de los resultados de estos esfuerzos es la Acción 1 del Plan BEPS (Base Erosion and Profit Shifting), dedicada a las medidas que se recomiendan para combatir la erosión fiscal generada por la economía digital. Sin embargo, somos de la opinión que este documento aún es el inicio de un largo camino por recorrer.

 

[1]    Las llamamos tiendas de intermediación online porque no son éstas las que venden, sino que sirven de plataforma para que los reales vendedores ofrezcan sus productos.

[2]    Salvo por el IGV que grave la importación del producto, el cual es trasladado al comprador en el precio del producto.